miércoles, 21 de octubre de 2015

                Francisco Morazan 
               Gloria Stephania Matute paz.
                             10mo "B"

General Francisco Morazán.JPG
Francisco Morazán Quezada (Tegucigalpa, 3 de octubre de 1792San José de Costa Rica, 15 de septiembre de 1842) fue un militar y político hondureño que gobernó a la República Federal de Centro América durante el turbulento periodo de 1827 a 1838.
Saltó a la fama luego de su victoria en la legendaria Batalla de La Trinidad, el 11 de noviembre de 1827.Desde entonces, y hasta que fue derrocado en Guatemala por Rafael Carrera en 1840, Morazán dominó la escena política y militar de Centroamérica.
En el ámbito político, Francisco Morazán fue reconocido por los miembros de su partido como un gran pensador y visionario. De acuerdo a escritores liberales como Federico Hernández de León Lorenzo Montúfar y Ramón Rosa Morazán intentó transformar a Centroamérica en una nación grande y progresista; mientras que escritores conservadores como Manuel Coronado Aguilar lo acusan de intentar impornerse por la fuerza por motivos personales; finalmente, escritores socialistas como Severo Martínez Peláez sugieren que, los liberales dirigidos por Morazán eran los criollos hacendados que habían sido explotados por los criollos guatemaltecos y el clero regular durante la colonia y, con Morazán a la cabeza, pretendían tomar el poder de la región para sí. La gestión de Morazán como mandatario de la República Federal promulgó las reformas liberales, las cuales estaban dirigidas a quitar el poder a los principales miembros del partido conservador: los criollos que residían en la Nueva Guatemala de la Asunción y las órdenes regulares de la Iglesia Católica. Las reformas incluyeron: la educación, libertad de prensa y de religión entre otras. Además limitó el poder del clero secular de la Iglesia Católica con la abolición del diezmo de parte del gobierno y la separación del Estado y la Iglesia.
Con estas reformas Morazán se ganó enemigos poderosos, y su período de gobierno estuvo marcado por amargas luchas internas entre liberales y conservadores. Sin embargo, a través de su capacidad militar, Morazán se mantuvo firme en el poder hasta 1837, cuando la República Federal se fracturó irrevocablemente. Esto fue explotado por las órdenes regulares de la Iglesia y los líderes conservadores guatemaltecos, que se unieron bajo el liderazgo del general guatemalteco Rafael Carrera, y, con el fin de no permitir que los criollos liberales les arrebataran sus privilegios,terminaron por dividir a Centroamérica en cinco estados.
 rancisco Morazán se casó con María Josefa Lastiri en la Catedral de Comayagua el 30 de diciembre de 1825. De este matrimonio nació en San Salvador Adela Morazán Lastiri en 1838: la única hija de Morazán. María Josefa pertenecía a una de las familias más ricas de la provincia de Honduras. Su padre fue el comerciante español Juan Miguel Lastiri, quien jugó un papel importante en el desarrollo comercial de Tegucigalpa. Su madre fue Margarita Lozano, miembro de una poderosa familia criolla en la ciudad. María Josefa era una viuda quien se había casado primeramente con el terrateniente Esteban Travieso, con quien procreó 4 hijos. A su muerte, Lastiri heredó una fortuna. La herencia de María Josefa y el nuevo círculo de amigos poderosos e influyentes, que salieron de este matrimonio, ayudaron en levantar en gran medida los negocios del propio Morazán, y por lo consiguiente sus proyectos políticos. Fuera de su matrimonio, Francisco Morazán fue padre de un hijo, Francisco Morazán Moncada, quien nació el 4 de octubre de 1827 de la relación del general con Francisca de Moncada, hija de un conocido político nicaragüense llamado Liberato Moncada. Francisco Morazán hijo vivió en la casa del matrimonio Morazán-Lastiri, y acompañó a su padre en Guatemala, El Salvador, Panamá, Perú y finalmente en Costa Rica. Después de la muerte de su padre, Francisco Morazán Moncada se radicó en Chinandega (Nicaragua), donde se dedicó a la agricultura. Murió en 1904, a los 77 años de edad. El general Morazán también tuvo un hijo adoptivo llamado José Antonio Ruiz. Él era el hijo legítimo de Eusebio Ruiz y la dama guatemalteca Rita Zelayandía, quien entregó a su hijo al general Morazán, cuando el muchacho tenía solamente 14 años de edad. José Antonio acompañó a su padre adoptivo en las varias acciones militares y se convirtió en un general de brigada. Murió en Tegucigalpa en 1883.
Es imposible describir las grandes transformaciones de Honduras sin antes referirnos al general Francisco Morazán, quien fue influenciado por los movimientos revolucionarios de la época. Este hombre amigable, de un metro noventa de estatura, ojos azules, muy culto, justo, honesto y de pensamiento liberal luchó por la unificación de Centroamérica, en un acto que lo convirtió en un verdadero héroe nacional. Un caballero visionario, con poder político y económico que en su faceta como militar supo resolver inteligentemente todas las adversidades propias de su cargo, ya que sin poseer ninguna formación castrense, y haciendo uso solamente de su conocimiento autodidacta fue como logró el triunfo en la mayoría de sus batallas. Es por eso que al momento de recordar a Morazán no solo se debe pensar en el hombre de la imagen de perfil que aparece en las estampas cada mes de septiembre, sino que se le conmemore como un hombre al que no solo hace falta admirar, sino imitar por su entrega incansable por la unión centroamericana y que promulgó como brillante estadista numerosas reformas, entre ellas el acceso a la educación. Ese es el verdadero Francisco Morazán. Definido por el morazanista Miguel Cálix como: “el alma de la historia de Centroamérica”. Cálix, un conocedor de la vida, obra y pensamiento de Morazán, con diez libros publicados y otros ocho a punto de imprimir sobre el estadista centroamericano, hace una semblanza del general. PRIMEROS AÑOS. José Francisco Morazán Quezada nació el 3 de octubre de 1792 en Tegucigalpa, ciudad que en aquella época pertenecía a la Intendencia de Comayagua, Capitanía General de Guatemala, durante los últimos años del dominio de la colonia española. Sus padres fueron Eusebio Morazán Alemán y Guadalupe Quezada Borjas, ambos miembros de una familia criolla de clase alta dedicada al comercio y la agricultura. Trece días después de su nacimiento, Morazán fue bautizado en la Catedral de Tegucigalpa, aún se encuentran registros de este acontecimiento. Según Cálix, cuando nació Morazán se estaba gestando para esa época -tras la invasión napoleónica a España- un movimiento de juntas con carácter independentista que inició en el reino de Guatemala. En ese mismo período estaban en boga las ideas que hicieron posible la independencia de Estados Unidos en 1776 (15 años antes que naciera el prócer). Para 1789 se gesta, cruzando el Océano Atlántico, la Revolución Francesa, trayendo consigo el apogeo de las ideas de los grandes filósofos de la Ilustración o del Siglo de las Luces. Son todas esas doctrinas las que un día vienen a América y alimentan las ideas de Morazán, sustentando ese espíritu con los acontecimientos revolucionarios de las provincias de América del Sur, continúa el experto.

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   Aportes de Francisco Morazan a Honduras


Es imposible describir las grandes transformaciones de Honduras sin antes referirnos al general Francisco Morazán, quien fue influenciado por los movimientos revolucionarios de la época. Este hombre amigable, de un metro noventa de estatura, ojos azules, muy culto, justo, honesto y de pensamiento liberal luchó por la unificación de Centroamérica, en un acto que lo convirtió en un verdadero héroe nacional. Un caballero visionario, con poder político y económico que en su faceta como militar supo resolver inteligentemente todas las adversidades propias de su cargo, ya que sin poseer ninguna formación castrense, y haciendo uso solamente de su conocimiento autodidacta fue como logró el triunfo en la mayoría de sus batallas. Es por eso que al momento de recordar a Morazán no solo se debe pensar en el hombre de la imagen de perfil que aparece en las estampas cada mes de septiembre, sino que se le conmemore como un hombre al que no solo hace falta admirar, sino imitar por su entrega incansable por la unión centroamericana y que promulgó como brillante estadista numerosas reformas, entre ellas el acceso a la educación.

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Es imposible describir las grandes transformaciones de Honduras sin antes referirnos al general Francisco Morazán, quien fue influenciado por los movimientos revolucionarios de la época. Este hombre amigable, de un metro noventa de estatura, ojos azules, muy culto, justo, honesto y de pensamiento liberal luchó por la unificación de Centroamérica, en un acto que lo convirtió en un verdadero héroe nacional. Un caballero visionario, con poder político y económico que en su faceta como militar supo resolver inteligentemente todas las adversidades propias de su cargo, ya que sin poseer ninguna formación castrense, y haciendo uso solamente de su conocimiento autodidacta fue como logró el triunfo en la mayoría de sus batallas. Es por eso que al momento de recordar a Morazán no solo se debe pensar en el hombre de la imagen de perfil que aparece en las estampas cada mes de septiembre, sino que se le conmemore como un hombre al que no solo hace falta admirar, sino imitar por su entrega incansable por la unión centroamericana y que promulgó como brillante estadista numerosas reformas, entre ellas el acceso a la educación. Ese es el verdadero Francisco Morazán. Definido por el morazanista Miguel Cálix como: “el alma de la historia de Centroamérica”. Cálix, un conocedor de la vida, obra y pensamiento de Morazán, con diez libros publicados y otros ocho a punto de imprimir sobre el estadista centroamericano, hace una semblanza del general. PRIMEROS AÑOS. José Francisco Morazán Quezada nació el 3 de octubre de 1792 en Tegucigalpa, ciudad que en aquella época pertenecía a la Intendencia de Comayagua, Capitanía General de Guatemala, durante los últimos años del dominio de la colonia española. Sus padres fueron Eusebio Morazán Alemán y Guadalupe Quezada Borjas, ambos miembros de una familia criolla de clase alta dedicada al comercio y la agricultura. Trece días después de su nacimiento, Morazán fue bautizado en la Catedral de Tegucigalpa, aún se encuentran registros de este acontecimiento. Según Cálix, cuando nació Morazán se estaba gestando para esa época -tras la invasión napoleónica a España- un movimiento de juntas con carácter independentista que inició en el reino de Guatemala. En ese mismo período estaban en boga las ideas que hicieron posible la independencia de Estados Unidos en 1776 (15 años antes que naciera el prócer). Para 1789 se gesta, cruzando el Océano Atlántico, la Revolución Francesa, trayendo consigo el apogeo de las ideas de los grandes filósofos de la Ilustración o del Siglo de las Luces. Son todas esas doctrinas las que un día vienen a América y alimentan las ideas de Morazán, sustentando ese espíritu con los acontecimientos revolucionarios de las provincias de América del Sur, continúa el experto.

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Es imposible describir las grandes transformaciones de Honduras sin antes referirnos al general Francisco Morazán, quien fue influenciado por los movimientos revolucionarios de la época. Este hombre amigable, de un metro noventa de estatura, ojos azules, muy culto, justo, honesto y de pensamiento liberal luchó por la unificación de Centroamérica, en un acto que lo convirtió en un verdadero héroe nacional. Un caballero visionario, con poder político y económico que en su faceta como militar supo resolver inteligentemente todas las adversidades propias de su cargo, ya que sin poseer ninguna formación castrense, y haciendo uso solamente de su conocimiento autodidacta fue como logró el triunfo en la mayoría de sus batallas. Es por eso que al momento de recordar a Morazán no solo se debe pensar en el hombre de la imagen de perfil que aparece en las estampas cada mes de septiembre, sino que se le conmemore como un hombre al que no solo hace falta admirar, sino imitar por su entrega incansable por la unión centroamericana y que promulgó como brillante estadista numerosas reformas, entre ellas el acceso a la educación. Ese es el verdadero Francisco Morazán. Definido por el morazanista Miguel Cálix como: “el alma de la historia de Centroamérica”. Cálix, un conocedor de la vida, obra y pensamiento de Morazán, con diez libros publicados y otros ocho a punto de imprimir sobre el estadista centroamericano, hace una semblanza del general. PRIMEROS AÑOS. José Francisco Morazán Quezada nació el 3 de octubre de 1792 en Tegucigalpa, ciudad que en aquella época pertenecía a la Intendencia de Comayagua, Capitanía General de Guatemala, durante los últimos años del dominio de la colonia española. Sus padres fueron Eusebio Morazán Alemán y Guadalupe Quezada Borjas, ambos miembros de una familia criolla de clase alta dedicada al comercio y la agricultura. Trece días después de su nacimiento, Morazán fue bautizado en la Catedral de Tegucigalpa, aún se encuentran registros de este acontecimiento. Según Cálix, cuando nació Morazán se estaba gestando para esa época -tras la invasión napoleónica a España- un movimiento de juntas con carácter independentista que inició en el reino de Guatemala. En ese mismo período estaban en boga las ideas que hicieron posible la independencia de Estados Unidos en 1776 (15 años antes que naciera el prócer). Para 1789 se gesta, cruzando el Océano Atlántico, la Revolución Francesa, trayendo consigo el apogeo de las ideas de los grandes filósofos de la Ilustración o del Siglo de las Luces. Son todas esas doctrinas las que un día vienen a América y alimentan las ideas de Morazán, sustentando ese espíritu con los acontecimientos revolucionarios de las provincias de América del Sur, continúa el experto. AUTODIDACTA. Francisco Morazán fue en su mayor parte un hombre autodidacta. Según el morazanista, el paladín tuvo la desgracia de nacer en esa época donde Honduras carecía de escuelas, un 2% de la población sabía leer y un 98% eran analfabetas. “Morazán ha sido un autodidacta. Apenas estuvo 18 meses en una escuela, donde aprendió las primeras letras, a escribir y realizar las operaciones básicas de la aritmética”, detalló Cálix. En 1808, el héroe se trasladó junto a su familia a Morocelí, allí trabajó en los terrenos heredados por don Eusebio Morazán. Además, tuvo la oportunidad de laborar como empleado de la alcaldía. Para 1813 la familia se mudó de nuevo a Tegucigalpa y una vez allí, su padre puso a Morazán bajo la tutoría de León Vásquez, quien le enseñó derecho civil, proceso penal y notariado. Conociendo y aprendiendo el respeto absoluto a la ley y una ciega obediencia a la misma. Al mismo tiempo, tuvo la oportunidad de aprender a leer francés en la biblioteca de su tío político, Dionisio de Herrera, lo cual le permitió familiarizarse con las obras de Montesquieu, “El contrato social”, de Jean-Jacques Rousseau; la Revolución Francesa y la historia de Europa. Esta dedicación y espíritu de superación, llevó de vez en cuando a Francisco a destacar en su ciudad natal, donde llegó a representar los intereses de algunas personas ante el tribunal colonial. Según Cálix, en 1823 Morazán fue síndico del ayuntamiento (fiscal de la municipalidad), allí, como un hombre muy amigable con todo el mundo, se muestra abierto a la gente del pueblo que lo busca para que defienda sus causas. “En ese preciso momento es que lo llegan a visitar unos campesinos labriegos que tenían su puesto en la plaza, para protestar porque los están estafando con las pesas y las medidas con que compran y venden su producto. Decidiendo el paladín escribir una nota a toda la municipalidad, denotando que había un problema mayor, que Tegucigalpa no tenía una escuela y que había que crearla. Estableciendo que los mineros, hacendados y ganaderos sufraguen los gastos de la misma”, narra Cálix. Y destaca que con este hecho cava su propia tumba, porque la Iglesia dirigía la educación y Morazán proponía que fuera el Estado quien lo hiciera. Asimismo, exigió que a la niña se le educara igual que al niño, en un tiempo donde las mujeres no tenían el derecho a la educación.

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Es imposible describir las grandes transformaciones de Honduras sin antes referirnos al general Francisco Morazán, quien fue influenciado por los movimientos revolucionarios de la época. Este hombre amigable, de un metro noventa de estatura, ojos azules, muy culto, justo, honesto y de pensamiento liberal luchó por la unificación de Centroamérica, en un acto que lo convirtió en un verdadero héroe nacional. Un caballero visionario, con poder político y económico que en su faceta como militar supo resolver inteligentemente todas las adversidades propias de su cargo, ya que sin poseer ninguna formación castrense, y haciendo uso solamente de su conocimiento autodidacta fue como logró el triunfo en la mayoría de sus batallas. Es por eso que al momento de recordar a Morazán no solo se debe pensar en el hombre de la imagen de perfil que aparece en las estampas cada mes de septiembre, sino que se le conmemore como un hombre al que no solo hace falta admirar, sino imitar por su entrega incansable por la unión centroamericana y que promulgó como brillante estadista numerosas reformas, entre ellas el acceso a la educación.

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La unión centroamericana, formada por Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, se había formado en 1823, bajo la presidencia del conservador Manuel J. Arce. Morazán inició entonces su carrera política en el Estado de Honduras, bajo la protección del presidente Dionisio Herrera.
A raíz de la rebelión de Justo Milla, al cual derrotó, Francisco Morazán se convirtió en presidente de Honduras (1827) y se erigió en líder de los liberales centroamericanos. Cuando el presidente salvadoreño, Pardo, le llamó en su auxilio ante un ataque guatemalteco, Morazán tomó San Salvador (1828) y luego Guatemala (1829), que era además la capital federal. Arce y los principales dirigentes conservadores fueron desterrados, mientras se instauraba un régimen liberal y Costa Rica abandonaba temporalmente la federación (de 1829 a 1831).
Las elecciones de 1830 confirmaron a Francisco Morazán como presidente de la República (triunfo que revalidó en las de 1834). Durante ese periodo -conocido como la «Restauración»- puso en marcha reformas que se estrellaron contra múltiples obstáculos: el particularismo de las provincias, las ambiciones de los militares, la oposición de la Iglesia, las presiones internacionales, la bancarrota financiera, las críticas al nepotismo y la corrupción del equipo gobernante. 

               Federacion Centroamericana 



 Honduras se separó de la Federación centroamericana el 5 de noviembre de 1838 y se convirtió en Estado soberano e independiente. Sin embargo, en los decenios de 1840 y 1850 participó en varios intentos por restablecer la unidad centroamericana, que no dieron resultado, tales como la Confederación de Centroamérica (1842-1845), el Pacto de Guatemala (1842), la Dieta de Sonsonate (1846), la Dieta de Nacaome (1847) y la Representación Nacional de Centroamérica (1849-1852). Posteriormente al proceso independentista, la nación adoptó el título de República de Honduras. No obstante, el ideal unionista nunca se abandonó, y Honduras fue uno de los países centroamericanos que procuró con mayor interés el restablecimiento. Desde la independencia, casi 300 rebeliones internas han sacudido el país, guerras civiles y cambios del gobierno, más de la mitad de ellos durante el siglo XX. El panorama político cambió: los presos salieron de las cárceles, los desterrados regresaron a Honduras. La obra de gobierno fue amplia: Una Constitución de la República que incorporó la inviolabilidad de la dignidad humana y el respeto a los derechos humanos; se incluyó por primera vez la garantía de alternabilidad en el ejercicio de la presidencia. La legislación social incluyó el Código del Trabajo, Ley de Reforma Agraria, Ley de Seguridad Social, Ley de Emisión del Pensamiento, Ley de Fomento Industrial. Infraestructura vial, electrificación y construcción de la primera central hidroeléctrica de Río Lindo. La educación y la construcción de centros escolares fue prioridad del gobierno. La protección de la maternidad y la construcción de hospitales y centros de salud reflejó un incremento sustancial comparado con los gobiernos anteriores a la independencia.



 




                              Analisis

 centro america recuerda al heroico guerrero que dio su vida por la union ,sim embargo en su testamento aun palpita el espiritu vivo del "heroe".

fue elegido nuestro presidente y lucho con su vida por defender estas tierras y por eso se le conoce como el gran heroe que es ,tambien fue y es un procer centroamericano ,destacado en el billete de 5 lempiras .

en mi opinon a sido y seguira siendo un gran heroe y icono para honduras por todas sus azañas durante su vida siendo uno de los mejores patriotas y mas fiel consejero y defensor de la justicia en Honduras.

Centroamérica recuerda al heroico guerrero que dio su vida por el ideal de la unión, sin embargo, en su testamento aún “palpita el espíritu vivo del héroe”.

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Es imposible describir las grandes transformaciones de Honduras sin antes referirnos al general Francisco Morazán, quien fue influenciado por los movimientos revolucionarios de la época. Este hombre amigable, de un metro noventa de estatura, ojos azules, muy culto, justo, honesto y de pensamiento liberal luchó por la unificación de Centroamérica, en un acto que lo convirtió en un verdadero héroe nacional. Un caballero visionario, con poder político y económico que en su faceta como militar supo resolver inteligentemente todas las adversidades propias de su cargo, ya que sin poseer ninguna formación castrense, y haciendo uso solamente de su conocimiento autodidacta fue como logró el triunfo en la mayoría de sus batallas. Es por eso que al momento de recordar a Morazán no solo se debe pensar en el hombre de la imagen de perfil que aparece en las estampas cada mes de septiembre, sino que se le conmemore como un hombre al que no solo hace falta admirar, sino imitar por su entrega incansable por la unión centroamericana y que promulgó como brillante estadista numerosas reformas, entre ellas el acceso a la educación. Ese es el verdadero Francisco Morazán. Definido por el morazanista Miguel Cálix como: “el alma de la historia de Centroamérica”. Cálix, un conocedor de la vida, obra y pensamiento de Morazán, con diez libros publicados y otros ocho a punto de imprimir sobre el estadista centroamericano, hace una semblanza del general. PRIMEROS AÑOS. José Francisco Morazán Quezada nació el 3 de octubre de 1792 en Tegucigalpa, ciudad que en aquella época pertenecía a la Intendencia de Comayagua, Capitanía General de Guatemala, durante los últimos años del dominio de la colonia española. Sus padres fueron Eusebio Morazán Alemán y Guadalupe Quezada Borjas, ambos miembros de una familia criolla de clase alta dedicada al comercio y la agricultura. Trece días después de su nacimiento, Morazán fue bautizado en la Catedral de Tegucigalpa, aún se encuentran registros de este acontecimiento. Según Cálix, cuando nació Morazán se estaba gestando para esa época -tras la invasión napoleónica a España- un movimiento de juntas con carácter independentista que inició en el reino de Guatemala. En ese mismo período estaban en boga las ideas que hicieron posible la independencia de Estados Unidos en 1776 (15 años antes que naciera el prócer). Para 1789 se gesta, cruzando el Océano Atlántico, la Revolución Francesa, trayendo consigo el apogeo de las ideas de los grandes filósofos de la Ilustración o del Siglo de las Luces. Son todas esas doctrinas las que un día vienen a América y alimentan las ideas de Morazán, sustentando ese espíritu con los acontecimientos revolucionarios de las provincias de América del Sur, continúa el experto. AUTODIDACTA. Francisco Morazán fue en su mayor parte un hombre autodidacta. Según el morazanista, el paladín tuvo la desgracia de nacer en esa época donde Honduras carecía de escuelas, un 2% de la población sabía leer y un 98% eran analfabetas. “Morazán ha sido un autodidacta. Apenas estuvo 18 meses en una escuela, donde aprendió las primeras letras, a escribir y realizar las operaciones básicas de la aritmética”, detalló Cálix. En 1808, el héroe se trasladó junto a su familia a Morocelí, allí trabajó en los terrenos heredados por don Eusebio Morazán. Además, tuvo la oportunidad de laborar como empleado de la alcaldía. Para 1813 la familia se mudó de nuevo a Tegucigalpa y una vez allí, su padre puso a Morazán bajo la tutoría de León Vásquez, quien le enseñó derecho civil, proceso penal y notariado. Conociendo y aprendiendo el respeto absoluto a la ley y una ciega obediencia a la misma. Al mismo tiempo, tuvo la oportunidad de aprender a leer francés en la biblioteca de su tío político, Dionisio de Herrera, lo cual le permitió familiarizarse con las obras de Montesquieu, “El contrato social”, de Jean-Jacques Rousseau; la Revolución Francesa y la historia de Europa. Esta dedicación y espíritu de superación, llevó de vez en cuando a Francisco a destacar en su ciudad natal, donde llegó a representar los intereses de algunas personas ante el tribunal colonial. Según Cálix, en 1823 Morazán fue síndico del ayuntamiento (fiscal de la municipalidad), allí, como un hombre muy amigable con todo el mundo, se muestra abierto a la gente del pueblo que lo busca para que defienda sus causas. “En ese preciso momento es que lo llegan a visitar unos campesinos labriegos que tenían su puesto en la plaza, para protestar porque los están estafando con las pesas y las medidas con que compran y venden su producto. Decidiendo el paladín escribir una nota a toda la municipalidad, denotando que había un problema mayor, que Tegucigalpa no tenía una escuela y que había que crearla. Estableciendo que los mineros, hacendados y ganaderos sufraguen los gastos de la misma”, narra Cálix. Y destaca que con este hecho cava su propia tumba, porque la Iglesia dirigía la educación y Morazán proponía que fuera el Estado quien lo hiciera. Asimismo, exigió que a la niña se le educara igual que al niño, en un tiempo donde las mujeres no tenían el derecho a la educación.

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Es por eso que al momento de recordar a Morazán no solo se debe pensar en el hombre de la imagen de perfil que aparece en las estampas cada mes de septiembre, sino que se le conmemore como un hombre al que no solo hace falta admirar, sino imitar por su entrega incansable por la unión centroamericana y que promulgó como brillante estadista numerosas reformas, entre ellas el acceso a la educación. Ese es el verdadero Francisco Morazán. Definido por el morazanista Miguel Cálix como: “el alma de la historia de Centroamérica”. Cálix, un conocedor de la vida, obra y pensamiento de Morazán, con diez libros publicados y otros ocho a punto de imprimir sobre el estadista centroamericano, hace una semblanza del general. PRIMEROS AÑOS. José Francisco Morazán Quezada nació el 3 de octubre de 1792 en Tegucigalpa, ciudad que en aquella época pertenecía a la Intendencia de Comayagua, Capitanía General de Guatemala, durante los últimos años del dominio de la colonia española. Sus padres fueron Eusebio Morazán Alemán y Guadalupe Quezada Borjas, ambos miembros de una familia criolla de clase alta dedicada al comercio y la agricultura. Trece días después de su nacimiento, Morazán fue bautizado en la Catedral de Tegucigalpa, aún se encuentran registros de este acontecimiento. Según Cálix, cuando nació Morazán se estaba gestando para esa época -tras la invasión napoleónica a España- un movimiento de juntas con carácter independentista que inició en el reino de Guatemala. En ese mismo período estaban en boga las ideas que hicieron posible la independencia de Estados Unidos en 1776 (15 años antes que naciera el prócer). Para 1789 se gesta, cruzando el Océano Atlántico, la Revolución Francesa, trayendo consigo el apogeo de las ideas de los grandes filósofos de la Ilustración o del Siglo de las Luces. Son todas esas doctrinas las que un día vienen a América y alimentan las ideas de Morazán, sustentando ese espíritu con los acontecimientos revolucionarios de las provincias de América del Sur, continúa el experto. AUTODIDACTA. Francisco Morazán fue en su mayor parte un hombre autodidacta. Según el morazanista, el paladín tuvo la desgracia de nacer en esa época donde Honduras carecía de escuelas, un 2% de la población sabía leer y un 98% eran analfabetas. “Morazán ha sido un autodidacta. Apenas estuvo 18 meses en una escuela, donde aprendió las primeras letras, a escribir y realizar las operaciones básicas de la aritmética”, detalló Cálix. En 1808, el héroe se trasladó junto a su familia a Morocelí, allí trabajó en los terrenos heredados por don Eusebio Morazán. Además, tuvo la oportunidad de laborar como empleado de la alcaldía. Para 1813 la familia se mudó de nuevo a Tegucigalpa y una vez allí, su padre puso a Morazán bajo la tutoría de León Vásquez, quien le enseñó derecho civil, proceso penal y notariado. Conociendo y aprendiendo el respeto absoluto a la ley y una ciega obediencia a la misma. Al mismo tiempo, tuvo la oportunidad de aprender a leer francés en la biblioteca de su tío político, Dionisio de Herrera, lo cual le permitió familiarizarse con las obras de Montesquieu, “El contrato social”, de Jean-Jacques Rousseau; la Revolución Francesa y la historia de Europa. Esta dedicación y espíritu de superación, llevó de vez en cuando a Francisco a destacar en su ciudad natal, donde llegó a representar los intereses de algunas personas ante el tribunal colonial. Según Cálix, en 1823 Morazán fue síndico del ayuntamiento (fiscal de la municipalidad), allí, como un hombre muy amigable con todo el mundo, se muestra abierto a la gente del pueblo que lo busca para que defienda sus causas. “En ese preciso momento es que lo llegan a visitar unos campesinos labriegos que tenían su puesto en la plaza, para protestar porque los están estafando con las pesas y las medidas con que compran y venden su producto. Decidiendo el paladín escribir una nota a toda la municipalidad, denotando que había un problema mayor, que Tegucigalpa no tenía una escuela y que había que crearla. Estableciendo que los mineros, hacendados y ganaderos sufraguen los gastos de la misma”, narra Cálix. Y destaca que con este hecho cava su propia tumba, porque la Iglesia dirigía la educación y Morazán proponía que fuera el Estado quien lo hiciera. Asimismo, exigió que a la niña se le educara igual que al niño, en un tiempo donde las mujeres no tenían el derecho a la educación.

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Es imposible describir las grandes transformaciones de Honduras sin antes referirnos al general Francisco Morazán, quien fue influenciado por los movimientos revolucionarios de la época. Este hombre amigable, de un metro noventa de estatura, ojos azules, muy culto, justo, honesto y de pensamiento liberal luchó por la unificación de Centroamérica, en un acto que lo convirtió en un verdadero héroe nacional. Un caballero visionario, con poder político y económico que en su faceta como militar supo resolver inteligentemente todas las adversidades propias de su cargo, ya que sin poseer ninguna formación castrense, y haciendo uso solamente de su conocimiento autodidacta fue como logró el triunfo en la mayoría de sus batallas. Es por eso que al momento de recordar a Morazán no solo se debe pensar en el hombre de la imagen de perfil que aparece en las estampas cada mes de septiembre, sino que se le conmemore como un hombre al que no solo hace falta admirar, sino imitar por su entrega incansable por la unión centroamericana y que promulgó como brillante estadista numerosas reformas, entre ellas el acceso a la educación. Ese es el verdadero Francisco Morazán. Definido por el morazanista Miguel Cálix como: “el alma de la historia de Centroamérica”. Cálix, un conocedor de la vida, obra y pensamiento de Morazán, con diez libros publicados y otros ocho a punto de imprimir sobre el estadista centroamericano, hace una semblanza del general. PRIMEROS AÑOS. José Francisco Morazán Quezada nació el 3 de octubre de 1792 en Tegucigalpa, ciudad que en aquella época pertenecía a la Intendencia de Comayagua, Capitanía General de Guatemala, durante los últimos años del dominio de la colonia española. Sus padres fueron Eusebio Morazán Alemán y Guadalupe Quezada Borjas, ambos miembros de una familia criolla de clase alta dedicada al comercio y la agricultura. Trece días después de su nacimiento, Morazán fue bautizado en la Catedral de Tegucigalpa, aún se encuentran registros de este acontecimiento. Según Cálix, cuando nació Morazán se estaba gestando para esa época -tras la invasión napoleónica a España- un movimiento de juntas con carácter independentista que inició en el reino de Guatemala. En ese mismo período estaban en boga las ideas que hicieron posible la independencia de Estados Unidos en 1776 (15 años antes que naciera el prócer). Para 1789 se gesta, cruzando el Océano Atlántico, la Revolución Francesa, trayendo consigo el apogeo de las ideas de los grandes filósofos de la Ilustración o del Siglo de las Luces. Son todas esas doctrinas las que un día vienen a América y alimentan las ideas de Morazán, sustentando ese espíritu con los acontecimientos revolucionarios de las provincias de América del Sur, continúa el experto. AUTODIDACTA. Francisco Morazán fue en su mayor parte un hombre autodidacta. Según el morazanista, el paladín tuvo la desgracia de nacer en esa época donde Honduras carecía de escuelas, un 2% de la población sabía leer y un 98% eran analfabetas. “Morazán ha sido un autodidacta. Apenas estuvo 18 meses en una escuela, donde aprendió las primeras letras, a escribir y realizar las operaciones básicas de la aritmética”, detalló Cálix. En 1808, el héroe se trasladó junto a su familia a Morocelí, allí trabajó en los terrenos heredados por don Eusebio Morazán. Además, tuvo la oportunidad de laborar como empleado de la alcaldía. Para 1813 la familia se mudó de nuevo a Tegucigalpa y una vez allí, su padre puso a Morazán bajo la tutoría de León Vásquez, quien le enseñó derecho civil, proceso penal y notariado. Conociendo y aprendiendo el respeto absoluto a la ley y una ciega obediencia a la misma. Al mismo tiempo, tuvo la oportunidad de aprender a leer francés en la biblioteca de su tío político, Dionisio de Herrera, lo cual le permitió familiarizarse con las obras de Montesquieu, “El contrato social”, de Jean-Jacques Rousseau; la Revolución Francesa y la historia de Europa. Esta dedicación y espíritu de superación, llevó de vez en cuando a Francisco a destacar en su ciudad natal, donde llegó a representar los intereses de algunas personas ante el tribunal colonial. Según Cálix, en 1823 Morazán fue síndico del ayuntamiento (fiscal de la municipalidad), allí, como un hombre muy amigable con todo el mundo, se muestra abierto a la gente del pueblo que lo busca para que defienda sus causas. “En ese preciso momento es que lo llegan a visitar unos campesinos labriegos que tenían su puesto en la plaza, para protestar porque los están estafando con las pesas y las medidas con que compran y venden su producto. Decidiendo el paladín escribir una nota a toda la municipalidad, denotando que había un problema mayor, que Tegucigalpa no tenía una escuela y que había que crearla. Estableciendo que los mineros, hacendados y ganaderos sufraguen los gastos de la misma”, narra Cálix. Y destaca que con este hecho cava su propia tumba, porque la Iglesia dirigía la educación y Morazán proponía que fuera el Estado quien lo hiciera. Asimismo, exigió que a la niña se le educara igual que al niño, en un tiempo donde las mujeres no tenían el derecho a la educación.

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